-Paula.-Chilló Pablo desde el salón.
Dejé de abrazar a Justin y dije dirigiéndome hacia Pablo:
-¿Qué quieres?
-¿Y mi comida?-Volvió a gritar.
-Ya voy…
Sonreí a Justin y le besé el pómulo que tenía amoratado, la nariz hinchada y cogí el plato de Pablo. Cuando me dispuse a ir hacia el salón la voz de Justin captó mi atención.
-Te has dejado una herida.
-¿Cuál?
Se señaló el labio. Tenía el lado derecho del labio ( y de la cara) totalmente hinchado y con herida abierta. Arrugué la frente y torcí la cara.
-Si te da mucho asco…-Miró al suelo de nuevo.
Dejé la comida de Pablo en la encimera y me puse en frete de él y me agaché hasta que entré en el radar de su visión. Él cerró los ojos. Me acerqué a él poco a poco y besé solo una parte de las comisuras de sus labios. Las del lado derecho, el abrió los ojos inmediatamente. Yo me volví a coger la comida de Pablo y me fui hacia el salón.
-Por fin.-Dijo entonces Pablo.
-No soy tu criada.
-¿Qué has estado haciendo?
-La comida.
-Aparte.
-Nada.
-¿No has tenido que consolar al memo cantarín?
-Idiota, él no es un memo y… ¿Por qué dices eso?
-¿No he herido su ego?
-¿Por qué quieres saberlo?
-Para que mi día pueda ser perfecto del todo.
-Te vas a buscar problemas.
-Si te tengo a ti como amiga no pasa nada.-Me besó la mejilla.
Después de terminarse los espaguetis, Pablo se despidió y se fue a su apartamento a dormir, yo busqué a justin, estaba en el mismo lugar donde lo vi la última vez, sentado en la encimera.
-¿Qué haces aun ahí?
Lo distraje de sus cavilaciones y me miró sobresaltado.
-Nada.
Él se bajó de la encimera de mi pequeña cocina, se acercó a mí me besó la mejilla y se dirigió hacia mi habitación. Yo lo seguí y me apoyé en el marco de la puerta. Él se empezó a quitar la ropa…
-¿Pero que haces?-grité yo, poniendo los brazos en equis.
-Ah, ¿estabas ahí?
-Sí…
-No te había visto.-¿Era posible que hubiese sonreído?
-Hombre, yo cuando estoy en casa de un amigo me aseguro de cerrar la puerta antes de cambiarme.
Él se encogió de hombros y siguió quitándose la ropa. Suspiré y me di la vuelta y esperé a que él me avisase para darme la vuelta.
-Cuándo te has traído eso?
-Tú no lo recuerdas, estabas dormida.
-¿Qué pasó?
-llamé a mi madre para contarle lo que había pasado y ella vino a verme y a traerme una muda.
-Ah, vale, de acuerdo.
Me llevé mi pijama al baño y me cambié allí. Cuando llegué a mi cuarto Justin ya estaba metido en la cama. Había cerrado las persianas y las ventanas. Al ver la expresión de mi cara me dijo:
-Es que, por la noche hará mucho frío.
Me abrió un hueco entre todas las mantas que había en la pequeña cama y me junté a él. Me puso las manos alrededor de mi cintura y me dijo:
-¿Sabes que eres muy rara?
-Sí, lo sé.
Él se rió un poco.
-¿Por qué peculiaridad merezco el título esta vez?-exigí saber yo.
-Me machacan la cara, te besan sin tu consentimiento, te enfadas, te reconcilias, dejan que me humillen y te sientes feliz por estar conmigo.
Me sonrió.
-Yo no he dejado que te humillen.-Dije a la defensiva.
-No, claro que no.
Me volvió a sonreir y se acercó para darme un “beso de nomo” y después, durante algo menos de un segundo rozó mis labios con los suyos.
-¿AH?
Él suspiró.
-Tenemos que hablar.-Me dijo.
-Sobre qué…
-Sobre…haber, yo, solo es que… no lo sé… -Justin empezó a darse pequeños jalones en el collar que llevaba.
-¿Sí?
-Te lo cuento mañana.-Me besó la frente, me sonrió cerró los ojos.
-Ala, ¿Me vas a dejar con la duda?
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