-No, nada de eso, solo ha cogido un rebote.
-Paula, me ha machacado la cara.
Me reí un poco. Y él levanto las cejas.
-Quiero decir que… Perro ladrador poco mordedor.
-¿Qué?
-Que habla mucho, pero actuará poco.
-Sí, igual que ahora mismo.
-Calla, no va a pegar a una chica.
-Pero puede desahogarse conmigo
No va a hacer eso.
-No tientes a la suerte.
-Hablaré con él. Lo juro.
-Genial… ¿Y si te hace daño? Yo no quiero que…
-Por cierto, Justin, una cosa que me ha dado por pensar.
-¿Sí?
-¿Qué llevo puesto?
Se extrañó de mi pregunta y dijo:
-Un pijama.
-OH, ya, ya he notado que era un pijama.
-¿Entonces?
-Que yo ayer no llevaba un pijama para salir a la calle y tampoco me puse uno para dormir.
Se puso rojo al instante.
-Eh… se puede decir que tienes un sueño profundo.
-¡Sí! ¡Suelo tenerlo cuando me arroyan y me estampan contra cosas!-Me levanté enfadada.
-En la cara no.-Dijo él.
Eso me provocó mucha risa y caí al suelo con él otra vez.
-¿Por qué lo hiciste?
-Tu ropa estaba toda manchada de sangre.
-¿Algo más que decir?
Pensó durante un rato.
-Tienes una ropa interior muy bonita.
Abrí mucho los ojos e hice una mueca con la boca.
-¡IDIOTA! Me refería a que si hiciste alguna ora cosa que no sepa todavía.-Me puse la mano en la cara y fingí decepción.
-¿Te has enfadado?
-¿Tu que crees? –Mascullé
-Lo siento.
-bah, no es nada. Tranquilo.
-¿Segura?
-En serio.
-Me alegro de que no vallas a pegarme.
-Te han dado un golpe muy fuerte en la cabeza. Estas desvariando un poco.
-Por ti.-Me puso morritos.
Levanté solo una ceja.
-Si pudiera reírme de tu expresión lo haría. Lo juro.
-¿Quiéres que te lleve al hospital?
-No, no valla a ser que Pablo me espere en la esquina de la residencia.
-Ey, ¿le tienes miedo?
-A él no, a su puño… un poco.
-No seas tonto.
-Lo siento, no puedo evitarlo.
-Bueno… Por culpa de la tormenta no podemos movernos. ¿Qué piensas hacer?
-Llamar a la policía y avisar de que un loco anda suelto.
Me reí.
-No digas tonterías.
-Vive aquí al lado.
-Si mañana aparezco decapitado avisa a la policía.
Le pegué un codazo en las Tripas. Dio un gemido de dolor.
-¿Ahora qué?
-No va a decapitarte.
-¿Y tú que sabes?
-Voy a hablar con él.
-Espera.- Consiguió levantarse.
-¿A qué?
-A que me esconda en el armario.
Me puse en pie.
-Anda idiota, termina de curarte las heridas, ahora vuelvo.
-Vale, pero no te lleves las llaves, por si te rapta y te roba las llaves.
-¿si las dejo aquí te sentirás mejor?
-No, el muy loco podría coger un hacha y rompre la puer…
Me miró y al ver que volvía a poner una cara de incredulidad dijo:
-Sí, me quedaré más tranquilo.
-Bien.
Abrí la puerta y me fui al apartamento de mi izquierda. Donde vivía Pablo. Aporreé la puerta.
-Pablo abre.
Nadie lo hizo.
-¡Pablo!
Nada.
-¿Pablito?
Corrí escaleras abajo hacia la recepción. Y la hablé a la recepcionista.
-Perdone, señora. El muchacho que venía conmigo… el de la 535… ¿Le ha dejado las llaves de seguridad aquí?
-Déjame mirar.-La señora miró hacia el listado de llaves.-Efectivamente.
-Muchas gracias.
Corrí de nuevo escaleras arriba y llamé a mi puerta.
-¿Quién es?
-Yo.
-¿Quién es yo?
-Paula.
Entonces me abrió.
-No he escuchado gritos ni nada por el estilo. ¿Esta solucionado?
-No.
-¿Cómo que no?
-ha salido.
-¿Cómo que ha salido?
-Se ha ido.
Entré en mi habitación y cogí mi móvil para llamarlo, marqué su número y lo hice.
-Está loco. Viene una tormenta.
-¿Eso es muy grave?
-Paula, tienes que encontrarle, o lo va a tener muy crudo.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que por su bien te conteste a la llamada
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