martes, 11 de enero de 2011

26

La barriga me crujía al despertar, pero lo más probable era que no pudiese bajar a comprar. Me parecía que me iba a desmayar. Miré el reloj, eran las doce de la mañana. Guay. Los chicos ya estarían en clase.
Me levanté de la cama y miré hacia la ventana, parecía una huelga de trabajadores, todos allí, delante del apartamento. Pero esas cámaras eran inconfundibles. Maldita sea mi suerte. Busqué algo entretenido para hacer en la mañana. Pero no veía más que mi ordenador, pero las chicas no estarían tampoco a estas horas de la mañana. Me esperaba un día muy entretenido. Volví a abrir la nevera. Solo había agua fresca y dos huevos. Bueno, nunca había desayunado eso, pero supongo que esto era una emergencia. No había aceite, así que los hice duros, puse agua a cocer y esperé cinco minutos, mientras, fui abriendo el ordenador, pensaba escribirle a mi familia y a mis amigas. Me comí los huevos, bebí un poco y me senté frente al ordenador.
Cuando abrí mi correo tenía 64 mensajes y cuando abrí el tuenti me esperaban nada más y nada menos que 123 m.p´s.
Al menos podría entretenerme. Empecé por los correos, eran de mis amigas y también de gente que había visto de pasa en el colegio, pero tenía sus correos pues… por… no sé por qué, la verdad.

Bah, todos se basaban en:
“He visto los titulares, Que fuerte, tía, ¡Que suerte!, me lo tienes que presentar!´, que bajo a caído Justin…salir contigo (¿¿¡¡PERO TÚ QUIEN ERES!!??)”
Pero había uno de un e-mail reconocido, como habría muchos otros que me gustaría leer. Era de Inma, empecé a leer.
“Pero, ¡so pedazo de puerca! Hacía tiempo que no me escribías, pensé que estarías cansada, pero ahora entiendo el motivo… ¿Te he dicho ya que eres una pedazo de puerca? Bueno, Cuando puedas me respondes. Besos, no mejor no. Que eso ya te los da Justin ¬¬.
Le respondí al correo con un:
Realmente, la conexión no me va bien últimamente. Tengo que irme a un parque con Wi-fi para escribiros a todos. Ya contactaremos y tal. Siento dejarte así pero… mi Wi-fi es un asco.
La conexión no me llegó a más. Al menos, había evitado todos lo e-mail que tenía, por el momento. Eso de que iría a un parque era verdad. Pensaba hablar con todos muy pronto. No tenía nada más interesante que hacer así que volví a la cocina a llenarme el estómago de agua y me fui a ver la televisión.
Justin me llamó a las 2:15 de la tarde. Y menos mal, no aguantaba más…
-¿Cómo estas?-Me dijo.
-Hambrienta.

-¿No te has hecho de comer?
-Inventar recetas secretas con comida invisible no es mi fuerte.
-¿No tienes comida?
-No…
-te iré a comprar más tarde.
-¿Y no puede ser ahora?
-¿Tanta prisa te corre?
-Mucha.
-Yo… bueno. Voy ahora mismo, no desesperes.
-Demasiado tarde…
Y Colgó.
Me empezaba a marear otra vez… tenía tantas cosas que hacer… que responder, que resolver… Tenía mucho tiempo, pero no ganas ni tampoco espacio. Quería que todo eso acabase, quería ser una chica normal, que salía con su novio, o su amigo, o lo que fuese, pero sin preocupaciones. Me vinieron a la mente buenos recuerdos de no hace mucho. Cuando nadie sabía lo nuestro y éramos tan felices. Alguien llamó a la puerta.
-¿Quién es?-Chillé.
-Soy Justin.-Me contestó.
Abrí la puerta en seguida.
-Creí que eso de “Vengo en seguida” era para calmar la situación.
Él pasó dentro y cerró la puerta.
-Estaba cerca, solo tuve que hacer una pequeña parada para comprar.-Dejó las bolsas en el suelo.-No es mucho, pero aguantará para una semana.
-¿Una semana?-Repetí.
-Lo siento.
-¿Me tengo que quedar aquí…una semana?
-Sí.-Levantó los hombros.
-¡Será mentira!
-No, Lo siento.-Volvió a repetir.-No me puedo quedar mucho tiempo, pero te llamaré todos los días, por cierto, el profesor dice que no hay problema, que lo entiende. Bueno, que sea leve.
Me besó rápido y se giró.
-¡Ah, no! ¡Ni de coña!
Se volvió sobresaltado.
-¿Qué ocurre?
-¿No te voy a ver en una semana y te despides con eso?
Él me puso una sonrisa picarona.
-No tengo mucho tiempo.
-Te fastidias.-Le dije.
Él se rió y se acercó a mí Volvió a darme un beso, Hacia tiempo que no me daba uno así, me apoyó contra la pared del recibidor y puso las manos en mi cintura mientras su lengua buscaba la mía… Se apartó.
-¿mejor?

-Aceptable.
Justin rió y se despidió con la mano mientras salía por la puerta.
Me dispuse a guardar todo lo que me había traído, tenía razón, no era mucho, pero me aguantaría para una semana.
Los días pasaron muy lentos, yo cada vez me despertaba más tarde y hacía lo mismo al acostarme. Justin cumplió su promesa de llamarme todas las tardes y entre eso y el tiempo que le dedicaba a los deberes que me decía él mismo podían ocuparme casi toda la tarde, luego me bañaba, cenaba y me quedaba viendo la tele hasta las tantas. La monotonía me mataba. Menos mal que dentro de poco se acercaría el fin de semana y Justin traería las llaves para que me librase de la prisión en la que me hallaba

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