Llegamos a casa y hasta ahí todo normal, Justin me despidió y me dijo hasta mañana. Ahora él me quitaba mucho tiempo así que, el domingo lo dedicaría solamente a estudiar (y no el cuerpo de Justin, como a mi me gustaría no, estudiaría Sociales.) Cuando me desperté a la mañana siguiente me di cuenta de que no tenía nada para desayunar, me puse unos vaqueros gastados, una camiseta de manga larga roja y unas converses del mismo color de mi camiseta. Bajé a la calle y entré en una gasolinera, me fui directa para la parte de comestibles, pero, la llamativa sección de revistas llamaba mi atención, me quedé quieta ¿Cuánto hacía que no me informaba sobre aspectos importantes como por ejemplo… Qué había pasado con Kristen y Robert? Me acerqué a buscar algún ejemplar llamativo, pero los títulos de esas revistas, de TODAS las revistas del local eran llamativos. Me vi rodeada entre cientos de revista que como titular tenían:
“Justin Bieber encontró el amor, ¿Solo una noche? O… ¿El amor verdadero?, Una fan acosa a Justin Bieber y le besa, Justin Bieber se deja besar”
Y, por supuesto iba acompañado de nuestra foto ¿Pero quién? ¡Si le quitamos la cámara a la niña! Sabía lo que debía de hacer: salir de allí pitando. Salí de aquella sección y ni siquiera me paré a comprar el desayuno, pero ya era demasiado tarde. Me pareció que toda la prensa del mundo estaba allí, frente a la puerta de la gasolinera esperando a que saliera para hacerme mil preguntas. Por suerte tenía el móvil, no quería llamar delante de ellos, para que grabasen la llamada, así que, me resguardé dentro y llamé a Justin.
-¿Qué tal has dormido hoy?-Me dijo él con una voz cariñosa.
-He tenido un sueño precioso.-le dije con dulzura.- ¡La pesadilla la he tenido al levantarme!-le grité al teléfono con histeria.
Justin se puso serio.
-¿Qué ha pasado?
-Miles de revistas con nuestra foto.
-¿La del beso?
-¿Qué otra iba a ser portada?
-¿Dónde estas?
-En la gasolinera de al lado de la residencia.
-Vale, no salgas. Voy a ir a buscarte.
-Vale.
-Cuando salgas agacha la cabeza, que no te vean bien y no contestes a ninguna pregunta.
-No tardes…
La llamada se cortó.
Me escondía en la sección de congelados, esperando dos cosas: la primera a Justin y la segunda… no ser vista. La espera se hizo interminable ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Solo salía con el chico que me gustaba, bueno, si siquiera salía con él , solo éramos… solo… tan solo…tan solo quería que me dejasen en paz a Justin y a mí.
El tono del teléfono me hizo sobresaltarme, era Justin, supongo que ya estaría fuera, me dirigí hacia la puerta, y sin atravesarla, pude ver su fastántico coche y a cientos de periodistas acorralando al coche, al menos los distraería cuando saliese de la gasolinera. Tomé aire y, lo hice, salí, capté todas las miradas, una avalancha de periodistas y fotógrafos empezaron a acosarme ¿No podía ser ese el título de las revistas? Todos me empujaban y me hacían preguntas, el coche de Justin no estaba lejos, pero a mi me pareció que estaba en la otra esquina del mundo. Me empezaron a empujar y a cortarme el paso. Caí al suelo, no podía levantarme… puede que Justin tuviese razón desde el primer momento. La fama no era para mí y si esto era la fama… no quería tenerla nunca. Justin apareció de entre medio de esa ola de cámaras y personas y me cogió del brazo y me levantó. Iba sonriendo mientras decía: “Lo siento, no puedo contestar”. Aun iba cogida de su brazo cuando me metió en el coche. Genial, se iban a pensar, tal y como me cogió, que era una fan alocada que le atacó la pasada noche y que él solo me sacaba del aprieto. Guay. Ya veía el titular de mañana. Justin se metió en la otra puerta y yo me dejé caer sobre la ventana. Él arrancó el coche y empezó a decirme.
-¿Quién vendió la exclusiva?
-Ni idea.-dije con pesadez. Me dolía el tobillo.
-¿Segura?
-¡Tiraron la cámara!-Le chillé
-Vale, vale, pero no la pagues conmigo.
-Lo siento.
Justin suspiró.
-Te dije que…
-Sé lo que me dijiste, tenías razón ¿vale?
Se mordió el labio inferior.
-No entiendo por que estas enfadada.-Dijo con agonía.
Me puse las manos sobre la frente y suspiré, él no se merecía que yo le hiciese esto, así que, le intenté poner una de mis mejores sonrisas.
-No lo sé, por la emoción del momento ¡Soy famosa!-dije con euforia.
Justin me miró y elevó la comisura de un labio.
-Bueno y… ¿A dónde vamos?-Exigí saber.
-No lo sé, a escondernos, no podemos ir ni a la residencia ni a mi casa.
-¿A escondernos? ¡Te conocen en todo el mundo!
Justin soltó una risilla nerviosa. Pero no dejaba de conducir.
-Justin ¿A dónde vamos?-me puse seria.
-Digamos que… conozco un lugar.
-¿Dónde?-No bajaba la guardia.
-Fuera del pueblo, hay un descampado, nos esconderemos allí. Nunca pasa nadie. Iba allí cuando quería estar solo. Y así lo hicimos y esperamos allí durante horas… no comimos, ni tampoco merendamos, eran las nueve y media de la noche y tenía más hambre que el perro de un ciego, como se suele decir. Justin encendió el motor y volvió a poner rumbo al pueblo. Parecía que las cosas se habían calmado, pero no terminado, eso estaba claro, solo que, el turno de los reporteros había acabado. Justin me dio un beso rápido y se despidió de mí. Me dijo que mañana me llamaría y que sería mejor que dejase de ir a la escuela en unos días, que no habría problema, que él se lo explicaría a los profesores. Corrí hacia mi apartamento y me encerré allí. No sabía por qué, pero me sentía segura. Supuse por que, después de tres meses, ese se había convertido en mi hogar. Abrí la nevera, mierda, no tenía nada. Pero sabía del que disponía de mil paquetes de embutido. Salí de mi apartamento y me fui al contiguo y llamé a l puerta. Pablo me abrió al instante.
-Valla, valla, valla ¿pero quien tenemos aquí? La “Crem de la crem” Nada más y nada menos que a : Paula García.
-Basta de recibimientos.
Él sonrió.
-¿Qué desea?
-Pablo, no tengo comida y me he pasado todo el día de incógnito ¿podrías…?
No hizo falta que acabase la frase.
-¿Darte algo de comer? Por supuesto. Pasa al salón, no te quedes ahí. Te haré un bocadillo.
Pasé al salón y cuando iba a sentarme algo familiar captó mi atención. Me dirigí hacia la mesa de la salita. Era una cámara, una cama desechable amarillo chillón. OH. DIOS. MÍO. ¿Había sido él? ¿Cómo es posible? Y.. ¿Por qué? ¡Qué traidor! ¿Cómo se atrevía? ¡Pero si éramos amigos. Toqué la foto del Beso de Justin y yo y la observé con más detenimiento mientras negaba levemente con la cabeza. No era posible, todo se trataba de un error.
Pablo apareció en ese momento con mi bocadillo.
-¿Qué es esto?-le susurré. Casi no tenía aliento… Traidor…
-Una foto.-Dijo Pablo con seriedad.
¿Pablo serio? Esto iba para largo…
-Me refiero a que… ¿¡Qué haces tu con esto!?-Grité
-Escribir un artículo.
-¿Has sido tú?-Dije con un hilo de voz.
-¿El que vendió la foto? Sí y me han dado un pasto ¿Quieres saber cuant...?
-¿Cómo? ¡No es posible!
El traidor me sonrió.
-¿Cómo te atreves?
-Es por nuestro bien, Paula.
-¿Por nuestro bien? ¡Nosotros no tenemos ningún bien común!
El traidor volvió a sonreír.
-Eso es hipotético.
-Imbecil.-Grité.- ¡Acabas de arruinarme la vida!
Se puso serio de nuevo.
-Creo que te lo avisé.
Dos lágrimas cayeron por mis pómulos. No me lo podía creer.
-No llores.-Me limpió las lágrimas.-Esto nos dejará más tiempo a nosotros.
Me abrazó, pero yo me safé del abrazo y me sequé las lágrimas, no merecía que llorase por él.
-No me vuelvas a dirigir la palabra.-Dije con un hilo de voz.
-OH, vamos no te pongas así.-me abrió los brazos.
Me fui corriendo de su apartamento (sin cenar) y entré en el mío. Tenía hambre, pero sentía lástima. Por mí y por él. Esta me la iba a pagar. No sabía cómo, pero lo haría. Me fui a la cama (Sin cenar) y me acosté, esperando una lejana llamada de Justin y un desayuno que no aparecería por mucho que yo lo desease. Cerré los ojos. Hoy había sido un día largo.
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